Gorgias, 82DKB 3: Sobre el no ser o sobre la naturaleza (selección)
(Sexto Empírico, Adv. Math. VII, 65-87)1
(65) Gorgias de Leontino pertenecía al mismo grupo de los que eliminan el criterio,
pero no según el mismo punto de vista de los del círculo de Protágoras. Pues en su
escrito
En primer lugar, que nada es; en segundo lugar, que si es, no puede ser aprehendido
por los hombres; en tercer lugar, que si puede ser aprehendido, es, sin embargo,
incomunicable e inexpresable a los demás.
(66) Concluye que nada es de esta manera: si es, es lo que es o lo que no es o lo que
es y lo que no es. Pero ni lo que es es, como demostrará, ni lo que no es, como
justificará; ni lo que es y no es, como también enseñará. En definitiva, no hay nada
que sea.
(67) Lo que no es no es. Pues si lo que no es es, será y no será a la vez. En efecto, en
tanto es pensado como algo que no es, no será; pero, inversamente, en tanto es algo
que no es, será. Sería completamente absurdo el que algo sea y no sea a la vez. En
definitiva, lo que no es no es. Y por otro lado, si lo que no es es, lo que es no será,
pues son mutuamente contrarios; y si a lo que no es le corresponde el ser, a lo que es
le corresponderá el no ser. Pero no es el caso que lo que es no sea; por tanto, tampoco
será lo que no es.
(68) Sin embargo, tampoco lo que es es. Pues si lo que es es, o es eterno o generado o
eterno y generado a la vez. Pero ni es eterno ni generado ni ambos, como
mostraremos. En definitiva, lo que es no es. En efecto, si lo que es eterno (se debe
comenzar por aquí), no tiene ningún principio.
(69) Pues todo lo generado tiene algún principio, pero lo que es eterno, considerado
como inengendrado, no tiene principio. Sin embargo, lo que no tiene principio es
infinito. Pero si es infinito no está en ninguna parte. Pues si está en alguna parte, es
diferente de aquello en lo que está y de este modo no será infinito lo que está
contenido en algo.
(70) Y tampoco está contenido en sí mismo. Pues serán lo mismo aquello en lo que
estaría y lo que está en él. Y lo que es llegará a ser dos, espacio y también cuerpo,
pues aquello en lo que estaría es espacio y aquello que estaría en el él es cuerpo. Pero
esto es absurdo. Por tanto, lo que es tampoco está en sí mismo. De modo que si lo
que es es eterno, es infinito, y si es infinito, no está en ninguna parte, y si no está en
ninguna parte, no es. Por tanto, si lo que es es eterno, no tiene principio.
(71) Y tampoco lo que es puede ser generado. Pues si es generado, ha sido generado a
partir de lo que es o de lo que no es. Pero no ha sido generado a partir de lo que es.
En efecto, si es algo que es, no ha sido generado sino que ya es. Ni a partir de lo que
no es. Pues lo que no es no puede generar algo puesto que lo que genera algo debe
por necesidad participar de la existencia. En definitiva, lo que es no es generado.
(72) Según esto mismo, tampoco puede ser ambos, eterno y generado a la vez. Pues
estos son opuestos el uno al otro, y si lo que es es eterno, no ha sido generado y si ha
sido generado, no es eterno. Por tanto si lo que es no es ni eterno, ni generado ni ambos, lo que es no sería.
(73) Y por otro lado, si es, es uno o múltiple. Pero no es uno ni múltiple, como ha
sido establecido. En definitiva lo que es no es. Pues si es uno, o es cantidad, o
continuo, o magnitud o cuerpo. Pero cualquiera que sea de estos, no es uno:
considerado como cantidad será divisible, como continuo será fragmentable. De
igual modo, pensado como magnitud no será indivisible y como cuerpo será triple:
pues también poseerá largo, ancho y profundidad. Pero es absurdo decir que lo que es
no es nada de esto. En definitiva, lo que es no es uno.
(74) Y tampoco es múltiple. Pues si no es uno, tampoco es múltiple. En tanto lo
múltiple es una síntesis de unidades, al eliminar lo uno se elimina conjuntamente lo
múltiple. En consecuencia, es claro a partir de esto que ni es lo que es ni ser lo que
no es.
(75) Resulta fácil concluir que tampoco es ambos a la vez: lo que es y lo que no es.
Pues si lo que no es es y lo que es es, será lo mismo, en cuanto al ser, lo que no es
que lo que es. Y por esto no es ninguno de los dos. En efecto, que lo que no es no es,
es algo convenido. Y ha quedado demostrado que se considera lo mismo a lo que es.
Por tanto, éste no será.
(76) Pero si lo que es es lo mismo que lo que no es, no es posible que sean ambos,
pues si son ambos, no son lo mismo y si son lo mismo, no son ambos. De lo que se
sigue que nada es. Pues si no es lo que es, ni lo que no es, ni ambos y fuera de esto
no hay nada pensable, nada es.
(77) Pero debe demostrarse a continuación que aun en el caso de que algo sea, es
incognoscible e impensable para el hombre. Pues si las cosas pensadas, dice
Gorgias, no son cosas que son, lo que es no es pensado. Y esto es conforme a razón:
pues del mismo modo que si correspondiera a las cosas pensadas el ser blancas,
también correspondería a las cosas blancas ser pensadas, si correspondiera a las
cosas pensadas el no ser, por necesidad correspondería a las cosas que son no ser
pensadas.
(78) Por esto es correcta y segura la consecuencia: “si las cosas pensadas no son
cosas que son, lo que es no es pensado”. Y, por cierto, las cosas pensadas (pues así
hay que comenzar) no son cosas que son, como demostraremos. En definitiva, lo que
es no es pensado. Y que las cosas que son pensadas no son cosas que son, es
evidente.
(79) Pues si las cosas pensadas son cosas que son, todas las cosas pensadas son, y tal
como alguien las piensa, lo cual no es evidente. Pues no es el caso que si alguien
piensa que el hombre vuela o los carros corren por el mar, al punto el hombre vuela o
los carros corren por el mar. De modo que las cosas pensadas no son cosas que son.
(80) Además de esto, si las cosas pensadas son cosas que son, las cosas que no son no
serán pensadas. Pues a los contrarios les corresponden cosas contrarias, y contrario a
lo que es es lo que no es. Y por esto si a lo que es le corresponde el ser pensado, a lo
que no es le corresponderá totalmente el no ser pensado. Pero esto es absurdo, pues
también Escila y Quimera y muchas cosas que no son son pensadas. En definitiva, lo
que es no es pensado.
(81) Así como las cosas visibles se dicen visibles porque se ven, y las cosas audibles,
audibles porque se oyen, y no rechazamos las cosas visibles porque no se oyen ni
despreciamos las cosas audibles porque no se ven (pues conviene que cada una sea
por su sensación propia y no por la de otra), así también las cosas pensadas, aunque
no se las vea con la vista ni se las oiga con el oído, serán por el hecho de ser
aprehendidas con su criterio propio.
(82) Así, si alguien piensa que los carros corren por el mar, aunque no vea estas
cosas, conviene que crea que hay carros que corren por el mar. Pero esto es absurdo.
En consecuencia lo que es no es pensado ni representado.
(83) Y aunque fuera representado, sería incomunicable a otro. Pues si de las cosas
que son visibles y audibles y, en general, perceptibles, las cuales precisamente
subsisten afuera, las visibles son aprehendidas por la vista y las audibles por el oído
pero no a la inversa, ¿cómo pueden ser reveladas a otro?
(84) Pues aquello con lo cual las revelamos es el discurso, pero el discurso no es ni
las cosas que subsisten ni las cosas que son. En definitiva no revelamos a los demás
las cosas que son sino el discurso, que es diferente de las cosas que subsisten. Del
mismo modo que lo visible no se vuelve audible ni a la inversa, lo que es no podría
volverse discurso nuestro puesto que subsiste afuera.
(85) Y al no ser discurso, no podría ser mostrado a otros. El discurso, dice, se
constituye a partir de las cosas que vienen desde afuera, es decir, de las cosas
perceptibles. Pues a partir del encuentro con el sabor se genera en nosotros el
discurso que emitimos sobre esta cualidad, y a partir del encuentro con el color el
que emitimos sobre el color. Pero si esto es así, no es el discurso el que hace
manifiesto el afuera, sino que el afuera revela el discurso.
(86) Por otra parte, no es posible decir que el discurso es del mismo modo que las
cosas visibles y audibles subsisten, de suerte que las cosas que subsisten y son
puedan ser reveladas a partir de algo que subsiste y es. Pues si también el discurso
subsiste, dice, difiere, sin embargo, del resto de las cosas que subsisten, y los cuerpos
visibles son sumamente diferentes de los discursos. En efecto, lo visible es captado
por un órgano y el discurso por otro diferente. En definitiva, la mayoría de las cosa
que susbsisten no las muestra el discurso, como tampoco aquellas muestran su
recíproca naturaleza.
(87) Siendo tales las dificultades planteadas por Gorgias, a partir de ellas el criterio
de verdad en cuanto tal desaparece. Pues no puede haber criterio alguno de lo que
por naturaleza no es, ni puede ser conocido, ni puede ser comunicado a otro.Traducción de María E. Díaz y P. Spangenberg, en Gorgias, Sobre el no ser, Buenos Aires, Winograd,
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2011 (bilingüe)
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